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QUE EL ENOJO NO TE GANE


08
Nov
Enojo

El enojo es una emoción normal y natural que varía en intensidad. Puede ir desde una leve irritación y frustración hasta una incontrolable ira. Es sano enojarse de vez en cuando, pues te motiva a generar cambios que te permitan sentirte conforme y estable. ¡Pero hay que aprender a hacerlo de manera constructiva!

Cuando nos enojamos, experimentamos la ira en tres aspectos:
Físico. Tu cuerpo genera respuestas: incremento de adrenalina, ritmo cardiaco y presión sanguínea.
Cognitivo. Surgen pensamientos e interpretaciones ante la situación que genera tu enojo.
De comportamiento. Es la forma en que lo expresas y manejas, y lo que decides hacer cuando te enojas.

Los peligros de la ira
La ira puede hacerte tomar malas decisiones, incrementar los problemas en lugar de generar una solución, provocar conflictos con las personas a tu alrededor, afligir tu estado de ánimo y tu salud, aumentar el riesgo de sufrir un ataque o infarto, causarte problemas para dormir, niveles altos de estrés, problemas gástricos, entre muchas otras consecuencias.

¿Cómo empezar a dominarla?
Reconoce aquellos pensamientos que te generan ira y también los que te dificultan controlarla.

Identifica los beneficios de ser paciente y de controlarte, así como las desventajas de no hacerlo. Al ser consciente de estas ventajas y desventajas, tendrás un mejor manejo de tus emociones.

Así, poco a poco, podrás generar estrategias prácticas en tu vida diaria que reduzcan la ira y el enojo, y también alternativas preventivas que eliminarán las posibilidades de que el enojo traspase el límite.

Te damos algunos tips básicos para que empieces a controlar la ira desde ahora:
Sé consciente de tu enojo: Concéntrate en no empeorar la situación.

Toma tiempo fuera: Aléjate de la situación que te enoja, frena tus respuestas y pensamientos, cuenta hasta 10, 20 o 100, sal a caminar, etcétera. Tu primera meta será tranquilizarte, pensar y ser dueño de tus acciones.

Relájate: Respira profundamente, escucha música, toma un vaso con agua. Es importante que minimices tus respuestas corporales por medio de los sentidos.

Distráete: Retira tu mente y tus pensamientos de la situación hasta que estés listo para ver diferentes alternativas y explicaciones.

Cambia tus pensamientos: Ante cada pensamiento negativo que venga a tu mente, genera un pensamiento diferente o positivo. Intenta ver la situación de forma más extensa y flexible.

Cuida tu reacción: Antes de tomar una decisión, identifica las ventajas y desventajas de lo que vas a hacer. Esto te ayudará a ver las consecuencias de lo que elijas antes de actuar. Cuidar tu reacción no significa reprimir tu enojo, eso no logrará que desaparezca o que disminuya tu emoción. Así podrás expresarte con más calma, dirás lo que piensas y sientes mientras respetas a los demás, lo que te librará de la posibilidad de sentirte culpable después.

No eres un títere que va y viene según sus emociones: eres el guía y dueño de tu conducta, de tu estado de ánimo y de tu mente. No dejes que el enojo te gane, ¡recupera el control!

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